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Han pasado más de ocho años desde el caso de la Academia AYA, y mucho ha sucedido desde entonces, con Beltrán en el centro de la tormenta, enfrentando numerosas inconsistencias en el debido proceso, lo que aparentemente equivale a violaciones de sus derechos constitucionales. Por otro lado, está la campaña de desprestigio de los medios de comunicación y las redes sociales.

Acusaciones han llovido de todos lados, desde fiscales hasta abogados acusadores, medios de comunicación y redes sociales, tergiversaciones, falsedades, una campaña mediática de desprestigio que Rommys Beltrán ha tenido que soportar. Las acusaciones penales han sido desestimadas una a una por falta de pruebas, siendo los medios de comunicación la punta de lanza de una campaña de desprestigio que lleva a preguntarse qué hay detrás del caso contra Beltrán, por qué tanta vehemencia contra una persona que ha salido victoriosa en repetidas ocasiones de estas acusaciones. ¿Se trata de un complot orquestado contra ella?

Beltrán y sus abogados han rebatido sistemáticamente todas estas acusaciones, pero los medios de comunicación, especialmente Telemundo, se centran sistemáticamente sólo en la desinformación, sugiriendo una vendetta contra alguien que intenta demostrar su inocencia. Llegar a la verdad es tarea de cualquier medio de comunicación, pero no es menos cierto que debe haber equilibrio en la búsqueda de esa verdad, todas las partes implicadas deben tener las mismas oportunidades y cobertura mediática. La batalla legal continúa en los tribunales, pero la mediática no se detiene, es desigual e injustificada.

Una vida dedicada a los jóvenes menos afortunados. Rommys Beltrán, una venezolana que, como muchos, llegó a Estados Unidos para labrarse un futuro mejor, llegó a principios de los noventa. Como todo inmigrante, tuvo que luchar, abrirse camino en una realidad completamente nueva y muy diferente para ella. Cuando tuvo la oportunidad, cumplió su sueño de convertirse en una profesional universitaria, especializándose en justicia criminal con enfoque en la escena del crimen, teniendo un doctorado en ciencias del comportamiento, específicamente en perfilamiento de conductas criminales. Todo ello la llevó a convertirse en agente de policía, donde destacó por sus amplios conocimientos y su vocación de servicio, trabajando también incansablemente en la lucha contra la trata de seres humanos.

Su servicio a la comunidad la llevó a crear la Academia AYA, destinada a ayudar a jóvenes con problemas de conducta, excluidos del sistema escolar público estadounidense. Naturalmente, el programa se convirtió en un faro de luz para jóvenes con graves problemas de conducta y delictivos. Rommys Beltrán ofreció una segunda e incluso una tercera oportunidad a muchos jóvenes que, de no ser por ella y su academia, habrían caído en las bandas o acabado muertos.

Esta encomiable labor siempre causa malestar entre muchos individuos sin escrúpulos que ven a estas instituciones como enemigas de su codicia. Rommys Beltrán llevó a cabo con éxito su programa, ayudando a muchos jóvenes a escapar de las garras de la oscuridad. Desde 2015, enfrenta una causa judicial por presunto maltrato a jóvenes en la academia. Ha resistido todos los ataques de los que ha sido objeto legal y mediáticamente; el descrédito público le ha pasado factura emocional, social y económicamente. La campaña de descrédito ha llegado a destruir su imagen pública dentro de su comunidad.

Hoy, más de ocho años después, sigue luchando por limpiar su nombre, sinónimo de trabajo duro y perseverancia. Es una mujer que lucha contra individuos que sólo quieren ver destruida la imagen de una mujer intachable.

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